Dime que infancia tuviste y te diré como amas

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Maraña

febrero 22, 2021

 

Según qué nos haya hecho falta en nuestra infancia y qué heridas tengamos abiertas, será como manifestemos lo que nos duele. Esa manifestación de dolor se ve reflejada en la búsqueda y comportamientos de pareja.

Todos llevamos dentro un niño

Ese niño que fuimos en nuestra infancia nos acompaña toda la vida. Esta personita va creciendo y se le van haciendo heridas. En algún momento será inevitablemente lastimado de alguna manera, ya que no vive en un mundo perfecto y tampoco tiene padres sin defectos.

Esas heridas crecen con nosotros y nos acompañan a lo largo de nuestra existencia. Según la herida que tengamos es como reaccionaremos a distintas situaciones y emociones. Esto también se manifiesta a la hora de relacionarnos con otros de forma romántica. Es por eso que hoy me gustaría que intentes identificar qué tipo de niño has sido y dediques tiempo a pensar en qué heridas te han quedado.

Sanando esas heridas, trabajando en ellas e identificándolas, estaremos en buen camino para relacionarnos mejor a nivel de pareja romántica y en general.

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 ¿Te has preguntado cómo es tu niño interno?

Según como haya sido tu infancia es lo que tú eres hoy en día.

Ese niño…no es un niño imaginario. Muchas veces aparece en nuestros comportamientos, nuestras demandas, nuestras actitudes. Es por eso que deberíamos intentar escucharlo…quizás, haya cosas que le tenemos que explicar porque nadie lo hizo antes.

La manera que tenemos de actuar y expresarnos viene moldeada por nuestra infancia. Esto es algo lógico ya que es en esta etapa cuando empezamos a darle sentido a lo que nos rodea. Aprenderemos que si corremos rápido nos podemos caer, si hago un berrinche me darán lo que pido, si grito alguien se puede enfadar conmigo. Estos son ejemplos de acción reacción y es de esta manera como empezamos a aprender.

Una vez lo aprendemos lo empezamos a aplicar de forma inconsciente hasta el día de hoy. Creamos reacciones como “pilotos automáticos mentales” que nos indicarán como actuar con el mundo, nosotros y los demás

Por supuesto vamos adquiriendo más conocimientos y también variamos nuestro comportamiento, pero la forma de aprender y muchas de nuestras reacciones infantiles quedarán dentro. Sobre todo, quedarán las heridas que ese niño ha sufrido.

La forma de amar que tenemos hoy en día ha nacido en nuestra infancia. Quienes nos enseñan a dar y recibir amor en primera instancia, son nuestros padres. De acuerdo a la forma de amar que nos hayan enseñado será como entendamos el amor romántico. Existirán en esa forma, tendencias e inclinaciones por determinado patrón a seguir en nuestras parejas románticas.

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Las 5 tendencias de infancia y sus heridas

 

El complaciente

A menudo son hogares con un padre crítico o muy autoritario, también demasiado protector o enfadado.

El niño hará todo lo posible para que ese padre no se enfade y se comportará de la mejor manera para no provocar una respuesta negativa. Evitarán a toda costa hacer problemas. Su preocupación será hacer feliz a sus progenitores. Ellos no serán consolados, pero si consolarán. Quieren ahorrar disgustos innecesarios. Aprenden a leer los estados de ánimos de la gente que los rodea muy rápido, ya que quieren hacer felices a todos

El adulto complaciente se sentirá incomodo con los conflictos. Siempre ceden o compensan el malestar del otro rápidamente. Les resulta muy difícil decir que no y muchas veces no son sinceros. Al querer hacer felices a todos (cosa que es imposible) y esforzarse, muchas veces se decepcionan, se frustran y su reacción será huir de la situación. Al pensar en los demás primero, no sabrá identificar qué es lo que quiere y necesita para sí mismo. Pero será un adulto perfecto a los ojos de los demás, ya que son personas organizadas, se llevan bien con todo el mundo, busca el bienestar de quien lo rodea.

El complaciente debe aprender a ser honesto consigo mismo y sus sentimientos, a no hacer siempre lo correcto o lo que se espera de ellos. Tendrá que trabajar el poner límites sanos en sus relaciones.

 

La victima

Este niño crece en un hogar caótico y muchas veces violento. Para lidiar con padres agresivos, aprende a esconderse y permanecer callado, porque estar completamente presente es muy doloroso. Son niños que construyen con facilidad un mundo imaginario en el cual poder evadirse. Tienen baja autoestima y generalmente luchan con cuadros de ansiedad y depresión.

Este adulto puede terminar eligiendo una pareja controladora, manipuladora y hasta incluso violenta porque reflejan los mismos comportamientos que el hogar donde crecieron. Son personas que están tan acostumbradas a vivir en el caos que cuando tienen épocas de calma se sienten incómodos. Por lo general, tiene una pareja tóxica. También se puede dar el caso de que sea una persona que genera el conflicto porque es como ha crecido y no sabe funcionar de otra manera.

Tienen que aprender a amarse a sí mismos. También a saber reaccionar de forma confrontativa solo cuando la situación lo requiere. Son las personas que más tienen que trabajar en sí mismas.

 

El controlador

Crecen en un hogar donde no hay una sensación de protección construida. Este niño aprende a cuidarse por sí solo, se endurece y es autosuficiente.

Crecerá y se transformará en un adulto controlador, ya que si el controla la situación se sentirá protegido. Esta protección se la ha generado el mismo y será un adulto que no quiera mostrar su vulnerabilidad. El tener control es para protegerse de sentir emociones negativas (miedo, humillación, impotencia, desamparo, etc.) Tienen tendencia a ser rígidos. Prefieren resolver los problemas por ellos mismos y si las cosas no salen como ellos quieren, se enfadan y frustran.

Tienen que aprender a confiar en los demás y a manifestar su ira de una forma más sana.

 

El vacilador

Su infancia está caracterizada por padres con conductas impredecibles, es un amor intermitente. El niño aprende muy temprano que sus necesidades no son prioritarias para sus padres. Serán necesidades que a veces sean cubiertas y a veces no. Este niño tendrá necesidad de afecto y se convertirá en un adulto con mucho miedo al abandono.

El adulto está en la continua búsqueda del amor que le privaron en su infancia. Tenderán a idealizar relaciones con facilidad y cuando se decepcionan, dudarán de sus decisiones. A menudo siempre se sienten incomprendidos y tendrán muchos conflictos internos ya que estarán siempre entre lo que idealizan y la realidad, movidos lógicamente por el miedo al abandono. Serán adultos con alto grado de percepción del estado de animo de su pareja ya que se mantienen alerta a cualquier cambio que pueda poner en peligro la relación. Puede ser un adulto que cambie mucho de pareja porque siempre está buscando el amor.

Necesitarán aprender a controlar los impulsos entre idealización y realidad, darse tiempo a conocer a las personas para no ser heridos por sus propias expectativas.

 

El evitador

Esta criatura crece en un hogar donde no se da mucho afecto y no se consuela. Valorará sobre todo la autosuficiencia ya que sabe que solo puede contar con sí mismo. Dejan sus sentimientos en espera ya que nadie los puede atender.

Serán adultos que valoren mucho su espacio personal, serán muy lógicos y no tendrán apego a las cosas ni las personas. Se sentirán incomodos con las emociones de los demás ya que no aprendieron a cómo gestionarlas. Sera un adulto frío.

Deberán aprender a abrirse y expresar sus emociones.

 

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